jueves, mayo 22, 2008

Últimas lecturas, de playas y dramas

Antes de perderme en el ambiente bullicioso de las calles de Shanghai, esos lugares donde todo el mundo tiene la oportunidad de enriquecerse de la noche a la mañana, donde todo es inquieto, inestable, impredecible; todo galopa en medio de una ilusión, antes de acompañar a Coco en su vida actual, tras “Shanghai Baby”, donde la conocí junto a Tiantian, su amor-hermano y a Mark, su amante alemán; antes de todo ello quiero hacer un alto para dar un aplauso a Philip Roth. Sí, señor Roth. A usted, Philip. Aprovecho este instante entre segundo y segundo para acercarme a su estudio. No, no crea que pueda tratarse de un momento incómodo, aquí el aplauso sería algo simbólico, ni siquiera tendrá que esbozar esa mueca entre serena y sorprendida que se utiliza tantas veces. Siga leyendo, me agrada verle tan concentrado, imaginar que por su mente circula un nuevo entramado de pasión y desidia. Le he dedicado este año en mis lecturas, será usted mi autor más repetido hasta diciembre. Le envío un par de miradas abstraídas, tómelo como un halago, detrás de ellas gravitará alguna escena de sus novelas, qué mas puede pedir un lector que ausentarse de su Realidad para vivir la de la ficción. Un saludo, Maestro. Angéline.Philip Roth En cuanto reagrupe mis notas dejaré una pequeña semblanza de lo que fue viajar por la novela “Mi vida como hombre”. Y si fue todo un acierto leerla, todavía lo fue más compartirla con “La vida descalzo”, de Alan Pauls. He leído a Roth de día y a Pauls de noche, en una temporada en la que apenas he tenido tiempo para nada. Las quejas y neurosis de Peter Tarnopol a media mañana, a la hora de la comida y las cábalas-recuerdos novelados-visiones intimistas de Alan Pauls, ya en la cama. Las suaves olas que ondean entre sus páginas se mezclaban con las que me traen el sueño desde siempre, la señal para cerrar los ojos y abandonarme a un mundo con sus propias normas.Alan Pauls También él se merece una ruta por sus letras en esta novelita y para ello la he empezado de nuevo, ahora con calma, apuntando todo lo que me viene a la mente. Esta vez la alternaré con la vida de Shanghai, dos universos bien diferentes; farolillos, luces, pasiones, sexo, poder y desencanto contra la pausada vida en Villa Gesell, las dunas brumosas de la infancia del narrador argentino, el autocine y los escombros de su vida familiar. Un pálido horizonte en el que Pauls retira las telas que cubren sus vacaciones infantiles de febrero, veranos argentinos de playa y calor que se fusionan con otros más cercanos, para reflexionar sobre distintas cuestiones y entre ellas la ingenuidad de la desnudez en la playa, un código tácito de buena vecindad en el que el visitante parece revestido de una indiferencia natural que le permite aislarse dentro de la comunidad. O en palabras del autor: “Lo que los teóricos de la complejidad llaman una emergencia; es decir, ese misterioso orden general engendrado por un sistema con innumerables participantes, en el que nadie está al mando y cada uno se adecua segundo a segundo a condiciones que son estrictamente locales”(pág.86).

domingo, mayo 11, 2008

Nada permanece

Es una cuestión de salud. Demasiadas horas sentada, entre el trabajo y el vicio de escribir. Es tiempo de hacer ejercicio, de caminar rápido, a ratos puede sentir que es como una huída pero definitivamente no sabe de qué ni a dónde. Su apariencia es serena, por más que en su interior se mezclen tan confusamente como los líquidos densos tantas emociones distintas; lo que desea, lo que necesita, es caminar con vigor, desgastar ese pedazo de furia que es su impaciencia hacia el final del día. No quiere evadirse con la música, es imprescindible hacerse con el paisaje, retener cada pequeño nuevo detalle que le llame la atención para deshacer esa otra bola de insatisfacción que se crea con sucesos ajenos a ella, voces y personas que detesta y a las que se ve obligada a tratar a diario. No, nada en ese momento es más importante que el aire fresco del mar, la bruma acerada que cubre un atardecer sombrío en la playa; esos minutos previos a la noche, un declinar que es como una muerte lenta, la luz se evade hasta desaparecer y ella puede contemplar ese milagro, extasiada, poco antes del final de su ruta.

bethanybeach Se hace con el ritmo, un pie sigue al otro de forma organizada. Así ha sido en los últimos días, podría considerarlo un nuevo vicio, a falta de otros mejores. El horizonte se desplaza con suavidad a la izquierda, atrás van quedando papeleras, farolas y tantas otras personas desandando el día, algunas como ella, con ropa cómoda de deporte. Le asquea que alguna bocanada de tabaco trepe hasta su nariz ahora que respira fuerte mientras camina sin esfuerzo rápidamente por el borde de la playa. Su rostro impasible, bajo la gorra y las gafas oscuras, se cruza con expresiones airadas, amargas, cuerpos distraídos que circulan por los raíles de su monotonía, quizás el mismo camino de todos los días para llegar a casa tras una jornada más, quizás un nuevo problema que añadir a los que ya tenían. También hay rostros despreocupados, bocas que silban, manos que gesticulan, bicicletas serpenteando entre la gente. Mirones. Algún tipo que en su día fue atractivo y ahora ronda la vejez, su cabeza dividida en dos mechones desalentados, sobre un banco se mira las botas vaqueras, el tacón cortado hacia arriba, como implorando.

La temperatura ha descendido, ella lleva los brazos desnudos, el jersey anudado a la cintura, la guardia baja. Es tiempo de poner orden. Tiempo de no soñar. Durante unos segundos entra en su ángulo de visión un cuerpo perfecto de hombre, pasa corriendo, mirando su cronómetro. Mallas negras cortas, camiseta naranja, deportivos grandes, el sudor que cubre su cara y cuello no es más que un complemento de la carrera que trae desde lejos. Ha sido un apenas cruzar los ojos. Un suspiro interior desapasionado. No le preocupa su apatía, más adelante será distinto. Es tiempo de reparar, de rellenar los huecos hasta dejar la soledad rasa, sin rugosidades, lista para la siguiente decepción. Un vejete le sonríe al paso, ella devuelve la sonrisa, espontánea, abierta. Y sigue caminando unos metros manteniendo esa mueca, hasta que la boca se relaja y simplemente es boca. Y es boca seria. O al menos serena. La gente se encuentra con otra gente, parece obligado, cuando el conocido se ha marchado, poner al corriente al grupo, contar quién era. Sus antecedentes, orígenes, clan al que pertenece, por qué hizo o dejó de hacer alguna cosa. Fotografía de Moo Kyoung Kim Hay cuellos envueltos en bufandas, abrigos y chaquetones de invierno sobre muchos cuerpos. Mira sus codos mientras confirma la sensación de bienestar que siente desde hace un buen rato. Tiene calor, es el esfuerzo, su espalda húmeda también brillaría en la casi semioscuridad de la tarde. A la ida se fijó en un hombre al que faltaba un brazo, a la vuelta en otro al que falta una pierna. El primero llevaba la manga vacía dentro del bolsillo del pantalón, el segundo apoya el muñón en un tope de la muleta. Y besos. También hay besos en el paseo. Parejas que se detienen como si no existiera un mundo más allá de sus labios. Y turistas. Voces centroeuropeas con eses silbantes que parecen flamear, ondulantes. Sonidos polifónicos, monoconversaciones entre una voz y un teléfono móvil. Y gaviotas. Vuelos oblicuos, graznidos como carcajadas. Sabe que podría gritar hasta la demencia en el mirador, frente al mar. Reír como quien intercambia entre las manos un objeto que le quema. Tomar apuntes para un diálogo cruel, un monólogo cínico, un estar hasta los cojones que no viene a cuento.

Y escribir cosas del estilo “¿Qué harás si te digo que me gusta hacerles daño? Que disfruto viendo sus miradas acobardadas, la forma en que se les descuelga el labio inferior con el miedo, la sospecha de haber ido demasiado lejos. Siempre pienso que han tenido bastante y resulta no ser cierto. Vuelven. Acuden a mí para que las libere de su dolor y después se quejan cuando hago mi labor de carroñero. Olvidar cuesta..- les digo-.. no es tan sencillo como llegar aquí y soltar vuestras amarras de veneno. Escucho paciente vuestra palabrería, todas esas historias que forman la red que os atrapa. El dolor está dentro, ahí.. Vuelven. Cada noche vuelven como almas errantes, algunos rostros son de hace años pero vuelven.. ¿Te hablé de lo que me excitan sus gritos, sus protestas..? La casa está fría a veces pero ellas la llenan con sus rojos, sus dorados, sus maquillajes de noche, sus plumas de colores. Viciosas, todas son las mejores y ninguna vale nada. Las adoro, ¿qué digo..?, las amo.. Cómo no gozar deslizando mi boca por la piel suave de Gabrielle, le gusta aferrarse a mis manos mientras lo hacemos. Llamarme tío o papá, arrinconar mi cara con sus rodillas invirtiendo la postura, vencerse sobre mi polla.”

Untitled. Connie Imboden
O sentir una dosis de lástima, un impulso protector, ese tirar la toalla tan humano, tan fácil para la comprensión. Lo que nos diferencia de las alimañas de nuestra propia especie. Y escribir por ejemplo “..Verás muchacho.. incluso a alguien tan ausente cuesta contar estas cosas. No me mires en ningún momento mientras te refiero.. yo.. no sé hasta qué punto puedo hacer esto.. ella podría, ella..ella.. Verás.. ella, mi mujer.. es ciega. Siempre lo fue, no tiene la menor referencia de lo que es la forma, el color, el movimiento. Cuando nos casamos me puso el anillo en el dedo a tientas, a sus tientas, una forma de palpar tan personal, con tanta solidez que jamás me planteé su ceguera como desventaja. Debo reconocer que fue excitante desde el principio, y que me hizo sentir poderoso. Yo sería sus ojos, su fuerza, yo recorrería con firmeza cada uno de sus pasos inútiles, los que daba, vacilante, desde el oscuro vacío de su mente. Pero esto no es así, qué locura, muchacho. ¿Cuánto te da un espíritu valiente si eres un apocado como yo? Tu juventud quizás no te permita entender algo semejante pero a veces estás aterrado. A veces sientes un dolor que te paraliza, un miedo insondable. ¡No! No te hablo de sucesos que te obliguen a tomar una decisión sino a ese pánico a la vida que ataca en momentos de flaqueza. Al pavor de abrir los ojos y sentirte dentro de tu cuerpo cada mañana.”

Nada permanece. Algún día. Sí. Algún día..

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martes, abril 29, 2008

De vuelta de un sueño (II). Lugo.

Hace un mes tuvo lugar el encuentro. Se trataba de la presentación de mi libro de relatos en la Librería Trama de Lugo. Sin esta fotografía que acabo de recibir no quería dejar una pequeña nota en la blog porque si algo merece la pena ver y escuchar es a estos dos hombres, uno leyendo un relato y el otro argumentando por qué debería el público asistente comprar el libro. Hablo de Jorge Ricoy, la voz en “Venciendo el miedo” y de Xoán Ramón Díaz, mi padrino literario para este momento tan entrañable. Podría comenzar con la escalera que conduce al piso de arriba de la que podría ser la librería de un sueño. Pequeña, acogedora, como una biblioteca de cuento, la sala de lectura entre peldaño y peldaño, su barandilla, un mirador para asomarse a la planta baja y curiosear la entrada. Los expositores de colecciones, los rincones por temas, el suelo con esa ondulante personalidad, acá una montañita diminuta, allá una irregularidad que obliga a bajar el pie al paso, al fondo la salita de la charla, en la pared una maravillosa ilustración de Noemí López, de nuevo los tejados me dejan prendada, pero esa es otra historia.Jorge Ricoy Comenzamos con la lectura de mi amigo Jorge, dramatizando “de marco” las andanzas de mi atleta nocturno. Y aplausos, cómo no. No hay mucha gente ni la habrá más tarde pero Xoán Ramón Díaz anuncia al principio de su discurso que si hace falta lo repetirá para los nuevos asistentes, que finalmente no llegan. Es la segunda vez que me conmueve esa tarde. La primera en su casa, durante un café-merienda, cuando comenta como al descuido que ha leído mi libro cuatro veces y ha tomado apuntes en varios folios. He aprendido a no manifestar mi asombro de una forma muy ostentosa pero a veces valdría la pena hacerlo. Por algunas personas debería uno desorbitarse, mostrar esa parte reservada a uno mismo, un oh.. aspirado, en este caso, que retumba en mi mente trenzado a una risa alocada, los nervios. Segunda vez que hago una presentación de mi libro, primera fuera de mi ciudad, las sillas ocupadas me importan más que las vacías afortunadamente. A mi miedo inicial al fracaso le sigue una sensación de confort y auténtico privilegio.Xoán Ramón Díaz Y me relajo mientras escucho de labios de este hombre maravilloso que mis relatos le sorprenden, que tiene fe en mí. Que a pesar de que el libro se componga de cerca de cuarenta piezas sueltas ve una unidad en el conjunto final después de todas las lecturas. Reconoce mi voz interior y yo me siento agradecida. Elogia los finales de algunos relatos y también el suave erotismo de otros. Bromea con mi puntuación, le cuento en mi intervención que tres puntos suspensivos son una duda categórica y yo a veces solo sospecho.. Me arropa con generosidad, poniendo un punto cálido bajo el interrogante de la pregunta velada que esconde el título del libro. Y asegura que me ve en el futuro presentando otros libros. Mi corazón sencillo, de barrio, se estremece. ¿Qué aprendí?, le comentaba en el post de Lugo y la locura el otro día a Francisco Aranguren, editor del libro. Cosas sobre la amistad, la literatura, las convocatorias en ciudades donde nadie te conoce, aprendí a admirar también, me reafirmé con alguna gente.Xoán Ramón Díaz, yo, Jorge Ricoy Es cierto que en la sala cabría más del doble de los asistentes pero la sensación es como estar en familia. De hecho, quitando un pequeño grupo de personas que se van al término, el resto salimos juntos a cenar. Amigos, de amigos y familiares de los amigos. Y brindamos con alegría aunque con cierta nostalgia por mi parte, por el futuro de todos, el teatro y los premios, la literatura, la vida. Confieso que me sentí de distintos tamaños según el momento de la tarde-noche y que al final no pude estar más agradecida a Xoán Ramón Díaz. Desde aquí le hago llegar mi admiración por su calidad humana y el nivel de sus disertaciones. No hubo mortal más cautivado aquel día que yo misma, escuchando la disección calculada y metódica del estilo, forma y fondo de mi libro. Fue como contemplar el reflejo del espejo desde otro reflejo. También agradezco a Carlos Coira, su amabilidad en todo lo concerniente a esa velada literaria. Un rastro de timidez con el que cargo a veces me impidió pedirle un truco. Aquella tarde todos eran magos, él además, de primera, estoy segura.

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miércoles, abril 23, 2008

Del día, del libro. Motivos para festejar.

Es de agradecer que con lo ocupado que está el mundo quede tiempo todavía para hacer del 23 de abril de cada año, el día del libro. Si se trata de agasajarlo, de mimarlo, de hacer de él un altar yo pondría una relación de diez libros, los que salvaría antes de lanzarme por la ventana de mi piso once en llamas, camino de esa aterradora manta redonda que portan los bomberos en las películas. El orden de los factores en este caso no altera el producto. Todos han sido el mejor en algún momento y los lanzaría a su propia manta antes de saltar a la mía (quizás abrazada al 6, por aquello de que Tommaso es un personaje que entendería mi vuelo descontrolado y alentaría mi terror con el suyo provocando en mí una especie de risa histérica que me despistaría en tan difícil trance de lo que realmente me estaba sucediendo).

Luna. Quint Buchholz Estos serían mis defenestrados :

Imposturas (John Banville)
Incendios (David Means)
La vida exagerada de Martín Romaña (Alfredo Bryce Echenique)
La mujer del viajero en el tiempo (Audrey Niffenegger)
El pasado (Alan Pauls)
Tommaso y el fotógrafo ciego (Gesualdo Bufalino)
Todas las almas (Javier Marías)
Música para corazones incendiados (A.M.Homes)
En picado (Nick Hornby)
Leviatán (Paul Auster)

Bücherleuchtturm. Quint Buchholz Hay una pequeña lista de libros de las mismas tallas que estos, que encajarían perfectamente en uno u otro lugar, pero si al caer a la manta esta se transformase en isla desierta y viera frente a mí un infinito horizonte marino, no me importaría no tener ningún otro fuera de esta relación (aunque tendría que haber un once, un diccionario de castellano, sí, para la isla sí) en mi recién improvisada cabaña de bambú. Y sentada sobre una roca, en ese atardecer idílico de juegos de sombras y colores de fuego en el que a veces pedimos perdón y otras necesitamos que nos lo pidan, podría recitar a Banville en alguno de sus brillantes monólogos o al entrañable Martín Romaña. Siempre le he considerado mi hermano pequeño, un total desastre en todos los sentidos. Dormiría junto a Tommaso en su camastro del sótano, esperaría que Henry DeTamble me echase una mano con el bricolaje de la balsa de troncos en uno de sus viajes por el tiempo, conversaría con los suicidas de Hornby, con el ángel y el demonio de Leviatán. Cada día tendría un nombre distinto, asignado por las líneas impares de las hojas pares del diccionario en un golpe al azar de mi dedo juguetón.

Bücherbild. Quint Buchholz Y al final del último segundo del 23 de abril, día en que se conmemora la muerte de escritores tan diversos como Cervantes, Shakespeare (que también nació un 23 de abril) , Edgar Neville, Alejo Carpentier, Josep Pla, Pamela Lyndon Travers (autora de Mary Poppins) y el nacimiento de otros como Vladimir Nabokov, compositores como Sergei Prokofiev, el payaso Charlie Rivel, el pintor William Turner, los músicos John Miles y Roy Orbison, la actriz Silvina Mangano, el cineasta Michael Moore. Al final de ese último segundo volvería de mi isla, parpadeando un instante frente a la pantalla y retomaría la historia que escribo donde la dejé. Los personajes de los libros mencionados y los de las otras tallas se desperezarían antes de volver a su sueño solo perturbado por un par de ojos que piden ser testigos de sus andanzas, ante los cuales representarían de nuevo la obra para la que fueron creados. Y un día nuevo trae otros motivos para celebrar, retos por los que cruzar, algún suceso por el que no merece la pena intranquilizarse, aunque lo haremos. Algún amor que se debilite en la distancia, otros que broten como por encanto. Pero hoy los lectores estamos de suerte, se festeja nada menos que el día del libro. Larga vida a la literatura. Mi agradecimiento a los que la cuidan y difunden y felicidades a los que la disfrutan.

martes, abril 15, 2008

Señales

No soy supersticiosa ni creo en los rituales para conseguir las cosas. Abordar el giro imprevisto no me tambalea más que la certeza de un sentimiento, conocerme y conocer. Ser honesta y justa es más que un lema, una aspiración heredada de la rectitud de mi padre. Hace tiempo que veo las señales, pequeños fragmentos de imágenes pasadas, recuerdos destellantes de veranos, navidades. Una foto aquí, una risa allá, su acento desprovisto de la internacionalidad con que lo recuerdo, su forma de agitar la melena, comedida, sensual, felina. Tuve que decir de acuerdo, decir es la hora, decir .. Era demasiado fuerte. Y ahora soy yo quien espera, recostada en el poste de la estación. Yo quien canta entre dientes, quien se distrae en blandos pensamientos. Yo quien mira a la lejanía, quien sonríe recorriendo la estela del vapor. Yo la que anticipa el momento, quien acera los ojos en la distancia, yo la que cruza los brazos, la que aplaude en su interior. Yo la que choca su mano, la que abraza su cuerpo cálido, la que baila un año y medio de distancia, quien desea condenar la oscuridad. No pido otra cosa. Que la aguja del reloj serpentee un nuevo año, que la pluma con que se escribe el destino no nos aleje de nuevo. Ella fue y quiero que sea. Nosotros los de entonces luchamos vivamente por seguir siendo los mismos.

miércoles, abril 02, 2008

Al cabo

Al cabo, son muy pocas las palabras
que de verdad nos duelen, y muy pocas
las que consiguen alegrar el alma.
Y son también muy pocas las personas
que mueven nuestro corazón, y menos
aún las que lo mueven mucho tiempo.
Al cabo, son poquísimas las cosas
que de verdad importan en la vida:
poder querer a alguien, que nos quieran
y no morir después que nuestros hijos.

Amalia Bautista (“Tres deseos”)

my-secret-place. Ceslovas CesnakeviciusAl cabo, son aquí dos palabras de largo alcance. Desde el reducido grupo de élite de las que nos impactan, pasando por las personas que nos han calado tan hondo como para tener un lugar de privilegio en nuestras memorias, hasta las cosas que componen nuestro pequeño e imprescindible equipo de supervivencia. Al cabo, puede ser también el gesto de desánimo del pesimista, la nula convicción de que haya un después, un quizás, un mañana. La mirada de duda del inseguro, no hay manos invisibles señalando el camino de la fortuna, ni voces al oído que susurren consignas para encarar con éxito el futuro. Al cabo, es la patada al aire del derrotado, las piezas que componen el puzle deslavazado del inconformista. El sueño imposible del pusilánime.

La pequeña maleta de quien está en paz consigo mismo. Los pocos tesoros que se cuentan con los dedos de una mano. Lo que uno no soporta tener lejos y rescataría de una vida que está a punto de extinguirse. El resumen inapelable del tiempo que nos queda. La sonrisa relajada de quien hace recuento y está todo. El suave murmullo de una aceptación sin palabras. Al cabo es la prueba fehaciente de que soñar despierto no es más que el lógico proceso al que nos someten nuestros esfuerzos por mejorar y salir del hoyo. Al cabo, finalmente, comparto los tres deseos de Amalia Bautista pero en otro orden. Morir antes que mis hijos, poder querer a alguien y que me quieran.

Decía un personaje que cruzaba la pantalla en Pretty Woman “Todo el mundo que viene a Hollywood tiene un sueño, ¿cuál es tu sueño..?" Sí, cuál es tu sueño..

viernes, marzo 28, 2008

Lugo y la locura

Me da mucho gusto citar a Alan Pauls cuando hablo del oficio de escritor. Él lo es, por oficio y por maestría. Disfruto viendo este video en el que habla de impostura, sus pausas y los planos en los que lo que cuenta se dispone lentamente, casi de forma confidencial. Preparo unas palabras para la presentación de mi libro mañana en Lugo. Medito acerca de por qué escribo y desde cuándo. Me uno a Pauls en la afirmación de que hacerlo es un goce incomparable. Recuerdo el apuro de algunas veces con el bolígrafo que no aparecía, para tomar una nota imprescindible de algo que estaba a punto de desaparecer en el caos de mi mente. La inevitable sustitución del papel por el portátil. La facilidad con la que fluye en ocasiones una idea viendo esta pantalla infinita con fondo blanco.

Mencionaré también a Andrés Neuman y una de sus visiones acerca del cuento que leí en una entrevista “Pienso que todo escritor es un curioso incurable, ¿no?, una especie de cotilla con prestigio. También ‘cuentista’ significa mentiroso. Y un narrador tiene también algo de mentiroso con causa: las narraciones mienten para alcanzar alguna clase de verdad más allá de los términos de su anécdota. ¿Contamos historias porque nos han ocurrido? A veces. ¿O las escribimos para que nos ocurran? También. Incluso a veces se escriben ciertas cosas para que no ocurran, o porque no llegaron a ocurrir. En este sentido la escritura es un proceso de una libertad fascinante, una mezcla de memoria, utopía y conjuro. En ella cabe de todo: lo que sí, lo que no y lo que tal vez”. El papel que el azar ha tenido en la publicación del libro.

Una experiencia que se suma a las anteriores, un pequeño rodaje más a la aventura de la locura, una cita con mis amigos y los amigos de mis amigos, hoy a las 20.00 h, en la librería Trama de Lugo, con Jorge Ricoy y Xoán Ramón Díaz. Compartiremos un recuerdo del futuro.

Feliz fin de semana.

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sábado, marzo 22, 2008

Daniel Quintero y los tejados

Mi amigo R es judío, hablamos a menudo mezclando términos hebreos que él me enseña y palabras yiddish que yo aporto, influencia directa de Philip Roth en sus novelas. Así brindamos Lejayim! (¡Por la vida!) en cualquier momento y nos despedimos con un beso y un mazel tov (buena suerte) que engloba la complicidad de habernos contado la vida, nuestros monotemas y sufrimientos, las ideas peregrinas con las que solucionaríamos alguno de ellos y sobre todo la alegría de vernos, de ser amigos, de estar ahí casi cada día para el otro. Si alguien me produce una carcajada en los últimos tiempos es él sin duda, los casi treinta años que me lleva se esfuman con alguno de sus por cierto y la palmada que da sobre la mesa mientras desorbita la mirada balbuciendo un ¡te lo iba a decir ahora!

Telepatía, transmisión de pensamientos, qué sé yo. Parece que nuestro sistema de asociación de ideas discurre de forma parecida. Cuando va a decirme algo que le viene a la mente por sorpresa, yo se lo adelanto con una pregunta corta. Y nos reímos. Sé que R quiere convertirme al judaísmo pero le he dicho que soy un caso perdido. Mi fé no llega más allá del amor y aún así tengo mis reservas. Mientras tanto anoto términos como Schmuck que suena mejor que gilipollas y Jag Sameaj (Felices fiestas). Entre el revoltijo de cosas que pululan por su coche habitualmente encontré el otro día un almanaque con las festividades judías. Curioseé muy por encima el Rosh Hashanah, el Iom Kippur, los nombres y duraciones de los meses, distintos a lo que siempre he visto, los jahrzeit (aniversario) pero sobre todo los dibujos de cada hoja. Mientras R me mostraba orgulloso el significado de esto y aquello (espero que no lea nunca este post) yo le prestaba toda la atención que me sobraba de la fascinación por los tejados al viento de Daniel Quintero. Si hay un lugar en el mundo que yo elegiría para celebrar algo importante, es un tejado.

Asocio mis mejores momentos a lugares en los que casi siempre encontré una ventana con vistas a los tejados; de pizarra en las casitas bajas de una plaza de Vivero, de teja roja y picudos, en un pequeño pueblecito de León, cortados y asimétricos en la calle Gurruchaga de Buenos Aires, repletos de balcones alargados, llenos de cachivaches. Pulcros y con terrazas en Barcelona, algunos con verdaderos jardines interiores. Inclinados, combinados, como un ejército de escudos oblicuos parapetándose del frío. Tejados. Los adoro. He pasado horas leyendo, meditando, escribiendo, distraída con el movimiento de los coches y la gente allá abajo, en los tejados de dos lugares de Coruña.

Daniel Quintero los pinta como mecidos por un viento frenético, curiosos, alargándose para escudriñar el paisaje, como si tuvieran que asistir a todos los instantes a un tiempo. Tejados que escuchan, paredes que se comunican secretos inconfesables, fachadas que se espantan, calles que se bifurcan, trepan y serpentean. Es como si el Creador hubiera soltado los hilos de este guiñol urbano, desinflando a las estáticas paredes, las ventanas alineadas, los arcos, los soportales. Descarrilando los edificios, venciéndolos por el desánimo. Como si tuvieran permiso para desentumecerse, gritar su descontento, encogidos, tumbados, arqueados bajo el impulso de las entrañas de una tierra que los alza, vistosos, rebeldes, vulnerables. Parecen un caos controlado, una reunión fantasmagórica de temblores, miedo y osadías. Una caída de dominó detenida en el tiempo para ese lienzo. La nota desesperada que estremece a un violín.

jueves, marzo 20, 2008

No es tristeza, es una melancolía absurda.

Lo que para uno no es más que un rodar infinito de carreta para otro es una parada dura en cada esquina, un simulacro de vida, una charada. No entiendo el ahí os quedáis pero podría situarlo dentro de un momento sin bordes, cuando la mente se descuelga tan violentamente que uno toca fondo y ya no se levanta. La muerte tiene ese componente grave de injusticia, es siempre tan implacable, tan aleatoria, tan definitiva, se produzca a voluntad o sin aviso. Lo insufrible, lo realmente insoportable es perder a quienes queremos, de vista, de oído, de trato, de contexto, sacarles de nuestra vida, hacer un nudo con todo lo compartido, lo escuchado y llamar a ese pasado recuerdo. Y seguir viviendo al lado de su vacío. Y sobre todo, ser incluso felices sin ellos en ese futuro abstracto que ninguno conocemos.

YoNo es tristeza, es una melancolía absurda, un dolor suave que se desmaya en la mirada. Una cascada de imágenes en las que ya no tienes sitio, un leve parpadeo para sostener las lágrimas. Te sueño en el desánimo, en la cobardía, en el tiempo que hubiera dedicado, a recomponer un pedazo, de tu derrotado . Y apunto para otra vida sujetar tu cara entre mis manos y besarte hasta el delirio en aquella cuesta infinita y solitaria. Y que la muerte juegue después sus cartas marcadas si se atreve.

Redoble de campanas
¿a qué viene este saqueo?
nada me queda ya.

lunes, marzo 17, 2008

Good bye Columbus. Breve apunte.

Si mi única referencia de Philip Roth fuese “Good bye Columbus”, no tendría la magnífica opinión de este autor que ahora tengo. Mal que me pese, reconozco que la historia me pareció aburrida, el día a día de sus personajes poco interesante, Brenda Patimkin, una niña rica, superficial y sin sustancia y Neil Klugman, una mirada familiar en boca de Roth; su historia podría formar parte del diario de verano de otros personajes que proyectó en adelante. He leído “ El animal moribundo”, “Elegía” y “El lamento de Portnoy”, además de la mencionada en el título y no he sentido con ninguna de las otras este desinterés sino todo lo contrario, una fascinación que me ha convertido en una fan incondicional de su estilo. He vuelto a sus inicios con la intención de leer ya su obra de forma cronológica, para tener una idea más ajustada de cómo ha ido madurando sus historias. De esta novela solo tomé una nota, un color de ojos, “cárdenos”, que repite (casi puedo escuchar a G. Braithwaite, del “Loro de Flaubert”, indicando la inutilidad de fijarse en ellos) y si tuviera que elegir personaje, o al menos quién me ha proporcionado los mejores momentos, me quedaría sin duda con Leo Patimkin, el tío pobre de Brenda.Philip Roth Aclaro que este breve apunte va en exclusiva sobre la historia “Good bye Columbus”, que en mi edición DeBolsillo termina en la página 168 del libro. Nada que ver con los cuentos cortos que le siguen. “La conversión de los judíos” es un relato maravilloso, magistralmente escrito, el tono humorístico, el punto tierno (“ .. le pregunté sobre Dios, que cómo era que podía crear el mundo en seis días, y a todos los animales y los peces, y la luz en seis días.. Sobre todo , la luz, eso es lo que me impresiona más, que fuera capaz de hacer la luz. Hacer a los peces y a los animales pase.. pero hacer la luz..”). Lo mismo podría decir de “El defensor de la Fé”, calculado, medido, chispeante, irónico y con un final perfecto. Algo menos impactante “Epstein”, pero muy gráfico, la imposible convivencia de seres tan distintos bajo un mismo techo. Me desconcertó el final, la última frase, que no entiendo. De “No se conoce al hombre por la canción que canta” me quedo con las comparaciones, la relación entre los personajes juveniles del relato “Tras escuchar de mis labios el plan, se me quedó mirando con el entrecejo fruncido, como quien ya tiene su propia banda de facinerosos y jamás ha oído mencionar la tuya” , el momento en el que el débil equilibrio de poder se rompe y cada uno parece salir despedido en una dirección distinta. De “Eli, El Fanático”, solo leí las primeras hojas. Me perdí un par de veces, volví atrás y terminé dejándolo para otro momento.

Es curioso que con el tiempo he terminado por asociar la novela “Este libro te salvará la vida” de A.M.Homes con Philip Roth. Su protagonista, Richard Novak, me recuerda a David Kepesh (“El animal moribundo”), al narrador maduro de Roth en general. Es la forma de narrar, en esta ocasión Homes no ha sido descarnada, ni súbitamente cruel sino casi una hada madrina al crear a este personaje tan entrañable, un hombre bueno además de un buen hombre y tan propio del estilo de Philip Roth, su monólogo interior, tan particular y personal. A veces me olvido de que su autora es ella y pienso que he leído un libro más de él. No suelo releer pero quizás lo haga con "Este libro te salvará la vida". La recomiendo y mucho, quizás les ocurra como a mí y terminen adjudicándosela a Philip Roth.

(Video "Doctor en Alaska", el orador es Chris Stevens (John Corbett), predicador-DJ-poeta y uno de mis personajes favoritos de la que considero la mejor serie de televisión que he visto en mi vida)

jueves, marzo 13, 2008

La falta de contenido (Recuperado del reino, marzo 2005)

La falta de contenido es el miedo
de cargar sobre la espalda
el peso de la época.
Prefiero la torpeza,
la pesadez,
con tal de que exista una carga.

La falta de contenido es la saciedad.
Es vergonzoso endulzar el dolor.
Echar azucar sobre las heridas que gritan
Tal vez duela mas que echarles sal.

(Yevgueni Yevtushenko) Callejeando estos días renové mi catálogo de miradas perdidas. En la calle Barcelona intentaba tocar la guitarra un mendigo. He escuchado el Romance anónimo en distintas versiones pero nunca de una forma tan desesperada, tan enloquecida. Imaginé por su forma de extirpar el sonido a aquella madera raída con cuerdas, que al final de la pieza lanzaría la guitarra contra el asfalto y gritaría como un loco un quejido largo, continuado, de corte agónico. Sonaba horrible, apenas nadie se paraba a echarle una moneda pero tampoco las necesitaba mientras tocaba. Estar fuera de sí, convertirse en un ser ajeno a uno es algo que no todo el mundo consigue. He visto a este hombre otras veces y nunca me pareció que pudiera tener un volcán en su interior pero ¿quién no lo lleva a veces..?

El trastorno que sufría ayer se agudizaba con sus continuas equivocaciones. En el trazo de una melodía se le escurría un dedo y volvía a empezar una y otra vez tocando a cada segundo más rápido, con más errores y peor. No pude apartar la vista de sus uñas ennegrecidas, sus dedos deformes. Pasaban por el mástil como un castigo, sobaban las cuerdas, agotándolas, produciendo unas vibraciones que además de sonar a lamento amenazaban con partir la tripa de cada una en cualquier instante y sacarle un ojo al mendigo, que los apoyaba literalmente en la caja. Fue ese frenesí lo que me mantuvo clavada al suelo, comparándolo con otro tipo de urgencia, totalmente visceral, el escape. Parte de la rebeldía que me habita es un nudo que no puedo deshacer y se aprieta sobre sí mismo en esos casos.

Finalmente terminó, hastiado, pero no arrojó la guitarra con rabia. Se abrazó a ella lentamente como quien se arrebuja en un cuerpo cálido, por las curvas del centro y me miró sin expresión. Esas miradas perdidas me deslumbran como fogonazos, son como la puerta que se abre en el abismo, un par de segundos contemplas el interior y después se cierra. El peso de la época.. dice Yevgueni Yevtushenko. La diferencia entre el comprometido y el indiferente. A las puertas del abismo me he parado muchas veces. Gracias a los dioses, sólo a las puertas.

lunes, marzo 10, 2008

Invitación. Con la locura a otra parte.


De nuevo por estos lares estamos inmersos en los preparativos para una nueva presentación de "Si no creyera en la locura", mi primer libro de relatos. Me presenta esta vez Xoán Ramón Díaz, una persona entrañable con la que da gusto conversar y padre literario de Manolo Meiriño, de quien se dice que no es un detective privado, sino un tunante.. Xoán Ramón ha escrito dos libros con las andanzas de Meiriño, “Chuvia Mansa” y “A xeada negra” y tengo la suerte de que me arrope en un momento tan complicado como es la presentación del libro de una desconocida, en una ciudad que no es la suya y frente a un público indeterminado que solo confirmaremos una vez que estemos allí. También leerá uno de los relatos Jorge Ricoy, actor, voz privilegiada donde las haya y amigo muy querido. Desde aquí hago extensiva la invitación a todos los amigos de la blog y gentes de buena voluntad a quienes interese asistir a este evento. Dejo unas cartulinas sobre el mueble de la entrada, con estos datos que adjunto. Y cruzo los dedos para que todo salga bien.

Lugar de la presentación: Librería Trama
(Avda. da Coruña, 21-27003 Lugo)
Fecha: Viernes 28 de marzo
Hora: 20.00 h.
Presentación: Xoán Ramón Díaz
Colaboración, lectura dramatizada por Jorge Ricoy.

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jueves, marzo 06, 2008

Los posos del Cola Cao

Una de las leyendas gallegas de la noche de San Juan relaciona la clara del huevo con el futuro. El rito es separarla de la yema (sin que quede ni una pequeña gota) y sumergirla en un vaso de agua que permanecerá fuera de la casa, en la ventana, en el patio, donde sea, pero en contacto con la noche meiga (bruja) que celebramos el 23 de junio. Supuestamente por la mañana, con la luz de un nuevo día, en la clara aparecerá bien dibujado un indicio, una señal, el futuro en forma de barco, ataúd, mano, cuerda, ojo, niño, etc, y sabremos con “claridad” lo que significa. Recuerdo haber mirado alguno de esos vasos con aprensión (por si el ataúd) y en algún caso con verdadero interés (intentando dar lógica al galimatías). Pero siempre me acerqué con reservas porque a pesar del miedo que la parapsicología me produce, creo en ese intercambio de fuerzas que nos rodea. La que desprendemos y la que nos atrae. Continuamente me veo envuelta en “casualidades” en las que no creo y además me estremecen.BramasoleY así llegaba yo a casa ayer por la tarde, tranquila, pensando en esa escena de “Bajo el sol de la Toscana” en la que la anciana italiana, propietaria de la villa Bramasole, no accede a vender la finca a un matrimonio alemán porque les ve demasiado interesados y decide subirles el precio en veinte millones de liras, lo que hace que pierdan el interés y abandonen. La americana protagonista de la película, Frances, está también interesada en comprarla pero una vez que le toca el turno para hacer su oferta es, como los alemanes, rechazada por la anciana. Quiere una “señal” divina. Algo que le indique que la casa se merece a una inquilina como nuestra Francesca, quien no hace más que girarse, desanimada, en busca de la salida, cuando un pájaro (que extrañamente está dentro de la casa) le lanza una carga certera a la cabeza creando uno de esos extraños acontecimientos cargados de fortuna. La anciana se pone en pié, eufórica, interpreta la cagada como la señal que buscaba y le vende la casa.

De nuevo a este lado, llegaba a casa ayer por la tarde pensando en lo de las señales, en la cantidad de ellas que nos pasarán desapercibidas (y ya no menciono que pueda haber un ángel como el que interpreta Nicholas Cage en “City of angels” guardándonos las espaldas) y en lo divertido que sería vivir la opción A y la B de algunos hechos importantes que nos envuelven, cuando llegué a la cocina y vi el cuenco de cereales. Vale. Intento buscar siempre la cara positiva de todo, repescar el detalle fascinante entre la rutina, el gesto imperceptible que contradice a una frase impulsiva que suena a lo contrario, la referencia, el dato sobresaliente del día, el motivo por el que debo alegrarme o dar gracias por hacerme tan afortunada pero a veces no puedo evitar desanimarme un poco, darme permiso para un derrumbe calculado. Un Fuera de servicio pasajero. Y hago maquinalmente lo que en otros momentos me sale con alegría, de forma natural.

Es el caso. Llevaba unos días blindándome, dejando que el invierno endureciera la nieve de mi reino. No quise ver en este tiempo la suavidad con que siempre se deslizan los copos, el jugueteo de su caída indolente hacia un suelo imaginario. Aquí no hay ventiscas que entrecierren los ojos sino un rutilante desafío con la gravedad que impulsa estos pequeños grumos escarchados hacia arriba, justo unos centímetros antes de rozar la tierra. El viajero apenas se dará cuenta pero los habitantes de este lado del mundo lo vemos claramente. Darthois desde la ventana de su estudio, pensativo. Yo desde el arco acristalado de mi habitación, soñadora. El señor Ferdinand desde el pasillo, el lápiz tras la oreja y el metro en la mano, supervisando las eternas obras de esta casa pero distraído a veces, como haciendo cálculos, atisbando el jardín desde la ventana de la escalera, partícipe como todos del caprichoso y algodonado vuelo de la nieve, un descenso arrepentido que emerge, satisfecho.
Y allí estaba en la cocina. Por la mañana lo había enjuagado para que el Cola Cao no se hiciera un poso espeso. Una pasada de agua y un pequeño charquito ablandando durante el día los escasos polvos de chocolate que habían quedado. Escasos pero suficientes para esbozar una sonrisa por su cuenta, para cuestionar la dureza de mi blindaje, la utilidad, para sorprendernos a todos en casa (estamos seguros de convivir con distintos fantasmas, ahora tenemos al niño..) Y decidí convertir el momento en uno de esos extraños acontecimientos cargados de fortuna, una señal para bajar la guardia y exigir menos a un destino con el que mantengo últimamente un pulso apremiante. Estirar los tiempos, como diría la Princesiña, y mantener la calma. Al menos hasta la próxima vez. Cuando decida vender la casa.

miércoles, febrero 27, 2008

Y volar

A menudo hablo con gente que sueña que vuela o que le gustaría volar en su día a día. Tenemos tanta prisa que enviamos mensajes de “voy volando” e incluso decimos que cuando alguien se sale de su círculo y se junta con personas poderosas, tiene amistades de “altos vuelos”. Volar parece en el mundo consciente, una actividad ligada a la libertad, a la expansión de horizontes (en el inconsciente, Freud lo asocia a un deseo sexual..) Te “vuelan” algo cuando te lo roban, vuelan las oportunidades cuando desaparecen y hasta el tiempo vuela, estafándonos el momento presente, un instante tan efímero que no existe realmente, cuando empiezas a delimitarlo ya es pasado. Se queda uno “volado”, cuando algo le sorprende con la guardia baja y también lo es un beso que se lanza desde lejos o se envía soplado desde una mano.http://www.ipernity.com/doc/14244/1030354?lg=Volaba María Luisa, la mujer perfecta del poema “No se me importa un pito”, de Oliverio Girondo (entrañable su final “..Yo, por lo menos, soy incapaz de comprender/ la seducción de una mujer pedestre/ y por más empeño que ponga en concebirlo/ no me es posible ni tan siquiera imaginar/ que pueda hacerse el amor más que volando..”) y “Anda – canta Silvio Rodríguez – corre donde debas ir / anda, que te espera el porvenir / Vuela / que los cisnes están vivos / mi canto está conmigo/ no tengo soledad”. Tambien Gonzalo Rojas (y voy por mis preferidos) tiene un apunte a volar con su “algo sagrado y sin edad que vuela en tu frente, mujer, y me estremece..

Pero quisiera centrarme en ese volar del consciente, la delicia que es tenerle cariño a un hobby, coleccionar algo con dedicación, esmero o salir hacia el infinito en parapente, en avión, con una tabla de snowboard, un planeador tripulado, una tabla de surf y divertirse. He estado leyendo estos días “Los culpables” de Juan Villoro y hoy comienzo “Goodbye Columbus”, de Philip Roth. Tengo “El Regreso” de Bernard Schlink a la espera, (una pequeña pausa para dejarlo reposar mientras me centro en su historia, no hemos coincidido bien a la primera) y después de Roth o Schlink, “Entre las sábanas”, de Ian McEwan. Y hablando de divertirse, de surf, de disfrutar, de lo que me gusta Ben Harper, (al que mencioné en el post anterior y que hacía tiempo que no escuchaba pero del que he vuelto a colgarme escuchándolo cantar solo y con otros artistas), dejo esta pequeña maravilla, su “Diamonds on the inside” en video, una forma de expandir el horizonte, de envidiar esas salidas con la tabla, de situar el mar entre las imágenes más necesarias que barajo al día. Y también la música. Los amigos. Y volar.

jueves, febrero 21, 2008

De música y música

Mientras leía las “31 canciones” de Nick Hornby mantenía un debate divertido en mi interior acerca de cuáles eran las mías (y con él, por eso solo me refiero a la música en inglés). Desde la perspectiva del autor podía ordenarme cronológicamente pero evaluando la huella que dejaron en mi vida, también por descubrimientos, sucesos, épocas. Me sentí muy cerca de Hornby, es increíble lo que podemos llegar a parecernos unos a otros, la insistencia con la que llevamos a cabo ciertas cosas. Me encantó que fuera un compulsivo escuchador, y que comparta mi costumbre de rallarse la cabeza con la misma canción durante días. Mi récord lo tiene “Queen of the slipstream” de Van Morrison. La escuché con el repeat del equipo durante un par de horas cada noche a lo largo de al menos dos años, pero también muchas tardes, en carretera, meditando. Si digo más de quince mil veces quizás no sea un chiste, y me alucina esa cantidad. Y si digo que todavía me emociona escucharla me quedo corta, es para mí, como la puerta de entrada a otro mundo. Ambientaba la novela que “parió” a los personajes con los que mantengo una relación de amistad en esta blog y que no llegó a puerto, ni a bueno ni a malo, por lo que duerme inacabada, sin final, entre mis archivos fallidos.

El récord de Hornby está en “Thunder Road” de Bruce Springsteen, sus cálculos le llevan a unas 1500 veces en veinticinco años. Y es fantástico que así sea, que una canción sobreviva a todas las épocas que uno vive y forme parte del presente como un amigo fiel, descalabrado y dolorido, como la voz de una conciencia que no ha crecido, sin tener que soportar nunca ese reproche canalla de lo que pudo ser y no fue, moldeándose a la medida para tener de forma natural un lugar. Mi canción visceral, la que escucho alguna vez a la semana desde la adolescencia es “Little girl blue” de Janis Joplin. La utilizo como un reloj de arena flotante, me relaja escucharla mientras barajo posibles salidas a un problema reciente. Cuando me visitan los fantasmas del pasado. Siempre hay algún deseo perdido que se acopla. Algún instante extraño en el que todo parece reducirse a nada, como si uno fuera un pasajero de sí mismo. Janis crea ese espacio íntimo para mí, una caricia familiar, siempre ha sido así.

Otra cosa que me une a Hornby en la música. Habla de lo que dura el “trono” de la última canción preferida “..cada vez que termino una no puedo creer que vaya a haber otra. Y sin embargo siempre la hay, y estoy impaciente por escuchar la siguiente; sólo necesitas unos cuantos cientos de cosas más como ésta y ya tienes una vida que merece la pena vivir”. Me ocurre lo mismo. Y otra. Que todavía le guste más “escuchar una balada que cualquier otro tipo de canción” (increíble después de adorar el punk en una época de su vida), aunque yo jamás me prendaría de “You had time” de Ana Difranco, que es la canción que le lleva a esa reflexión pero sí podría afirmar lo mismo escuchando “The birds of St. Marks”, “Jamaica Say you will”, “These days” de Jackson Browne, (de hecho cualquier balada que él cante), “Another way” de Ive Mendes o canciones como “Always Somewhere” de Scorpions, “ A case of you” de Joni Mitchell, “By your side” de Sade o “The long day is over” de Norah Jones, por citar estilos distintos.

Always Somewhere

Me he dado cuenta leyendo este libro, de que casi todos los momentos excepcionales que he vivido, tanto en positivo como en negativo, han quedado enmarcados por alguna canción y me sorprende que todos los proyectos en los que me embarqué, y a los que no asocio un recuerdo musical, se perdieran en el tiempo, minimizándose hasta desaparecer, como si no hubieran existido. Y no me refiero (ahora hablo de lo que ha permanecido) solo a baladas tipo “Angel”, de Sarah McLachlan, o al “ruido” que menciona Nick Hornby respecto al Jimmy Page de Led Zeppelin en sus mejores tiempos sino a desestresantes del estilo “Up and away” de Dave Mattews, “I´ve seen all good people” de Yes (recopilado para la banda sonora de “Almost Famous”, por ejemplo) o al grito puro y duro del “So high so low” de Ben Harper en “Diamonds on the inside”. Hornby dice que “Es importante que de vez en cuando, quizás incluso con frecuencia, nos depriman unos libros, nos desafíe una película, nos choque una pintura, quizás incluso nos perturbe una música. Pero ¿hay que hacer todas estas cosas al mismo tiempo? ¿No podemos permitirles consolar, reanimar, inspirar, mover, alegrar? ¿Por favor? ¿Solo de vez en cuando, cuando hemos tenido un día realmente de mierda? Necesito algún sitio donde refugiarme, ahora más que nunca y a donde corro es a canciones del tipo.. ”. Y esa es otra de las coincidencias.

Y una más sería considerar importante también la asociación suceso-canción. Cuando habla de “Samba pa ti”, en el capítulo 6, cuenta que la quería como banda sonora de su primera vez en el sexo, aunque llegado el momento no pudo ser y tuvo que conformarse con la cara B de Smiler de Rod Stewart. “Algunas canciones”, dice, “más que acompañamientos sexuales son sustitutos, música para la gente que no lo tiene (o no lo tendrá hasta que llegue a casa)”. Mi lista para ello iría en este momento desde “Wonderful tonight” de Eric Clapton a “She´s only happy in the sun” de Ben Harper, pasando por canciones como “Sullivan Street” de Counting Crows, “In my place” y “The Scientist” de Cold play, pero las dos por excelencia serían, sin ninguna duda, la versión de estudio de “Victory is won” de Santana (especialmente en su tercera parte) y “I can't get you off my mind”, de Lenny Kravitz (tan sugerente) Si se trata de recordar los primeros amores adultos lo haría a través de “Suzanne” y “So long Marianne” de Leonard Cohen, “Soon” de Yes, “Elegy” de Jethro Tull. Como clásico para bailar por primera vez una balada con alguien muy especial elegiría “After the thrill is gone”, de Eagles. Y como melodía interior, “Down under” de Men at work, siempre está ahí para levantarme la moral y sacarme una sonrisa.

Love thing

Otro capítulo y post aparte se merece el tema de los solos. (¿Te acuerdas Angel? Por ahí comenzamos a charlar). Si he de hundirme en un momento feliz a través de la música lo haría escuchando “Love thing” de Satriani. Realmente es difícil ceñirse a un puñado de canciones para explicar un período importante de una vida pero Nick Hornby crea un ambiente que me agrada en su libro “31 canciones” y sobre todo, me recuerda un montón de cosas que me alegra haber vivido. “Fue uno de esos raros momentos – milagroso, en el contexto de un espectáculo de rock- que te hacen sentir agradecido por la música que conoces, por la música que todavía no has oído, por los libros que has leído y los que vas a leer, quizá incluso por la vida que vives. Y aunque es demasiado esperar tener una epifanía de este tipo regularmente, me parece una cosa por la que merece la pena pelear”. Larga vida a la música, pues. Y que podamos disfrutar de ella por muchos años.

jueves, febrero 14, 2008

Por enquanto, contigo.

Si alguien me preguntase alguna vez dónde he visto un amor irreductible diría, sin ninguna duda, que en mi propia casa. Mis padres se conocieron cuando eran unos chiquillos de dieciséis y diecisiete años y tras un noviazgo largo (aquellos años cincuenta en Galicia en los que la palabra “nada” tenía una connotación tan salvajemente exacta para quien vivía de lo justo), se casaron y vivieron un breve tiempo con unos familiares tras el que, por fin, fundaron su propia familia. Pero hablábamos de amor, el suyo, algo que ha estado siempre presente en mis recuerdos y que aún de vez en cuando despierta en mí un brote de envidia y esperanza al tiempo, un pequeño latido extra que se esfuma al instante porque lo imagino en carne propia, que soy la divorciada de la familia, vade retro..

Claude Théberge
Tengo un amigo al que no he visto en mi vida y adoro, que me escribe varias veces al año por mail pero invariablemente siempre en San Valentín. Puedo esperar su mensaje cariñoso de amistad desde la otra punta del planeta y contestar agradecida. Es como una alarma, ya estamos aquí Angéline, otro año más te deseo toda la felicidad.. Y es tan hermoso.. Creo que instaurar un día para el amor no compromete a nadie que no quiera verse en ello. Que si no deseas celebrarlo no pasa nada, no van a enviarte a galeras (va esto por el desprecio con el que lo he oído comentar tantas veces) y que si no sientes el mínimo deseo de homenajear a tu pareja en un día como hoy, no significa que le quieras menos sino que no deseas festejarlo pero.. qué gratificante es sentirse llena en abstracto cuando hay alguien en tu vida y llega este día. Qué divertido es querer sorprenderle con algo extraordinario. Qué pleno y fuerte es enamorarse y sonreír absurdamente escuchando una balada que trae su rostro un instante.

Qué enternecedor y romántico es ver cómo mi padre sujeta al vuelo un trapo de cocina que le cae a mi madre y se lo ofrece con una sonrisa íntima, como si fuera una gardenia. Ver que ella se ruboriza a sus setenta y pico años y lo recoge con delicadeza, llamándole tonto con los ojos pero acostumbrada a ese trato principal desde hace más de cincuenta años. Protegida por un hacedor de la felicidad como es mi padre. Antes de que termine la palabra sed tiene un vaso de agua en su mano. Qué maravilloso y tierno es ver que la mira como si viera siempre a la joven que conoció un día en la Romería de Santa Margarita, una salida providencial que hizo mi madre con unas amigas puesto que pasaba su vida en casa, cosiendo para ganar un poco de dinero, con la abuela. Sé que para él sigue siendo la misma y eso me reafirma. Será difícil o imposible pero yo no sueño con menos. Creo en el poder reconstructor de la felicidad. En el bálsamo y la inyección de fuerza que supone abandonarse a una sensación tan potente. Quiero estar enamorada siempre. Aunque ya avanzada la tarde en España, feliz día de la amistad para los amigos y feliz día del amor para ti. Por aquí te siento como Por enquanto...

(Aquí la misma canción, con Cassia Eller)

martes, febrero 05, 2008

Los Hacedores de la felicidad

A veces no cuesta mucho trabajo, se trata solo de complacer, en el más puro sentido de la palabra, sin vuelta que lo pague, ni deuda que lo exija. Dicen que hay dos tipos de personas (en la dedicación), los hacedores de felicidad y los disfrutadores. Los primeros se vuelcan, se dejan la piel mil veces con tal de ser los primeros en el detalle sorprendente. Son los que memorizan esa frase que has dicho como para ti, cuánto te gustaría tener ese reloj que se parece mucho a uno que llevaba siempre tu padre. O el perchero de este anticuario, apostarías a que es el que tu madre limpiaba con fervor en tu infancia y se perdió en una de las mudanzas. Un perchero para abrigos y sombreros, con esa bandejita de listones en la que tu abuelo descansaba aquel Borsalino que constituía la mitad de su dignidad. Y el hacedor lo escucha, lo archiva y se pone manos a la obra. Sabe cuándo es tu cumpleaños, es más. Sabe cuándo es tu no cumpleaños, la ilusión que te hace recibir un paquete cualquier día que se salga de lo estipulado, pero sobre todo ese día (el infierno lo confunda) tan negro y gris en el que todo ha salido mal. Se trata de un pequeño detalle, no tiene por qué ser el aparador de Ikea que te sacó un eco de la garganta, sino un aleteo especial de unas pestañas, un libro de un escritor por el que sientes un profundo respeto, o el regalo rey para ti esta temporada. Algo que no sabías que te gustaba tanto hasta que comenzaste a especular en tu blog con ello y finalmente lo probaste en tus carnes.
Al otro lado están los disfrutadores, pareja tantas veces de los hacedores (a la larga esto no es más que una injusticia que crea el poso de la insatisfacción más visceral para estos últimos. Esperan el imposible y aunque Dar es una satisfacción mayor que recibir para ellos, no es la única y recibiendo una mísera parte de lo que entregan, cargan sus reservas con depósitos de infinito pero no pueden evitar ponerse en lugar de los disfrutadores alguna vez e imaginar como en un sueño, qué se sentirá cuando a uno lo miman tanto. Y notar la diferencia) cuyo eterno recurso es decir que carecen de memoria, que son incapaces de recordar los detalles más nimios. Harán el esfuerzo de retener en sus frágiles mentes dos o tres de tus deseos cuando te conocen para terminar usando tu cerebro como su agenda y computadora personal. Su encanto y carisma suplen la carencia de esa dedicación innata en los hacedores de felicidad y en las horas bajas o más al fondo, en las horas pútridas, te echan en cara que ya tienes de todo y que no te han regalado nada en tu día porque esa fecha señalada, Enamorados, Día de la madre, Reyes, son solo excusas del Corte Inglés y otros de su calaña para vender más.

Pues hablando de regalos, yo he recibido dos estos días. Uno de la Princesa de Hojalata y otro de Molly, mi amiga australiana. Y no deja de sorprenderme que sean las mujeres más detallistas que los hombres (por lo general, y tomen esta palabra con toda la cautela y desprecio que me merece el medio pollo estadístico). Pero hablábamos de sonreír, de asombrarse, de pensar que hay sensibilidades finas y barras de certezas a granel. Sofisticados sonidos mudos y palabras que se amontonan perdiendo su significado tras el tercero o cuarto sonsonete insistente, palabras que suenan a A pero son B, B por todos lados. Aburridas Bes que ayudan a elevar la ceja en un gesto que se traduce habitualmente con las letras de Incredulidad, y las de Vale, vale, vale.. Así que saliendo al paso de estos dos regalos inesperados no puedo hacer otra cosa que dar las gracias, de más reciente a menos, a su sentido de la amistad, al vínculo que nos une, al tiempo que ha permitido que esto no haya ido menguando, al foro viejo de Clubcultura, la paga extra con la que pagué la mitad de los plazos del ordenador fijo que compré en el 2003, la era tecnológica en la que hemos tenido la suerte de vivir, INTERNET y todo su séquito, nuestra eterna curiosidad por probar cosas nuevas. El azar. De nuevo.

Molly me escribió una de sus cartas cálidas en la que me contaba que intentando animar a una amiga le citó espontáneamente unas palabras de Marina McCurdy, la protagonista de mi relato “Vendrán otros tiempos”. Será una tontería para otros pero sentí una gratitud sin límites hacia Molly, una ternura tan viva, sé en esos momentos que soy afortunada (Marina y yo lo somos, de hecho), que no he podido hacer nada especial para merecer un abrazo semejante. Y en estos instantes de mi vida, en los que elijo con cuidado todo lo que me potencia, no puedo evitar reaccionar como una sentimental ante ciertas cosas. Con los ojos húmedos, viendo varios ejemplares de mi libro coronando una estantería de la FNAC de mi ciudad (será brevemente pero estos días ES). Viendo este video de Ben Folds, en el que sale con su hijo Louis mientras canta “Still fighting it” (todo el video pero especialmente los segundos 1.10 a 1.21)

Leyendo un comentario tan sencillo como el de Molly seguido de las palabras “¿no te importa, verdad?”. Abriendo el buzón del portal y encontrando una carta de Princesa de Hojalata. Una carta cerrada con un interior que solo yo puedo ver. Un espacio lleno de todo lo que guardo para las épocas malas. Los motivos por los que debo seguir luchando, como dice Ben Folds. Un fragmento de magia, cortesía de la Princesa. Ese comodín que todo ser humano debería tener al alcance. Palabras que quisiera escuchar y no acaban de llegar. Presencias que necesito y no son más que humo plateado. Un sobre vacío, vamos, que diría el protagonista del relato de Sergi Pàmies. Y mientras siento que las lágrimas me ruedan por la cara cuando observo el sobre transparente, al trasluz del foco del ascensor camino de mi casa, pienso en la bendición de que existan en este mundo, a veces brillante a veces infecto, seres como ellas. Almas sensibles, de seda, memorias fieles, oídos y ojos prestos, corazones rutilantes como los suyos. Y me reafirmo en CREER. Hacer de la amistad uno de los motores de mi día a día, incluso sabiendo que al igual que en el pasado seguiré sufriendo en el presente y futuro, desencantos, desplantes y deserciones. Pero valdrá y mucho la pena mantener una parcela del corazón para los buenos amigos. Los insustituibles, especiales y generosos. Hacedores de la felicidad.

domingo, enero 27, 2008

"Para llevarte a vivir" (Javier Ruibal)

Acertada, con la distancia necesaria, y a la medida de mis ausencias, la voz de esta canción me saca una sonrisa soñadora, a qué sabe la poesía, a “Para llevarte a vivir”, de Javier Ruibal. Y mira que no es fácil que la música de la rima y el verso fragüen para que me quede con la pupila entrecerrada disfrutando a fondo, pero cómo no ablandarse y dejarse rodar por esa hierba, apurando un beso, guardado, para cuando tú llegues. También yo callo y no digo, y pienso y sueño y me aguanto y a veces también me pregunto, cómo será la vuelta si yo me pierdo, qué clase de luz habrá para mí en las horas bajas. Qué rumor apagado y sordo hilará cada parte de mi cuerpo roto, cómo serán tus manos cuando necesite una caricia de seda, me inquieta pensar que sea cierto, que alguna vez la luna nos abandone. Y cómo no soñar con el mismo punto, obsesivo y anclado en el recuerdo, con la misma imagen, el contraluz de tu deseo, la voz susurrante y tierna, el complicado sonido de nuestro miedo. La tierra prometida está en ese abrazo mudo que nos aguarda, en las palabras que no saldrán de nuestros labios, en el latir desaforado de una espera insensata y loca, en la entrega, la piel, reculando en el abismo. De todo lo que besé, no doy beso por perdido, pa´ que me vuelva a morder, con la locura de ayer, tu boca contra el olvido.



PARA LLEVARTE A VIVIR

De lo dicho sin pensar
de lo que callo y no digo
de las cosas por pasar
de las trampas del azar
de las cartas del destino
tengo un lapiz colorao
con un librito guardao
para escribirlo contigo

Si la suerte inoportuna
te jugara una encerrona
si no hay salida ninguna
si la gracia y la fortuna
se apartan de tu persona

Tengo un farolillo verde
por si de noche te pierdes
y la luna te abandona

Tengo la rosa de oriente
el oro del sol naciente
y lo que quieras pedir
tengo el mapa del tesoro
tengo el palacio del moro
para llevarte a vivir

De todo lo que besé
no doy beso por perdido
pa´ que me vuelva a morder
con la locura de ayer
tu boca contra el olvido

Guardo un beso de reserva
para rodar por la hierba
cuando te vengas conmigo

El sur que te prometí
tiene al sur otra frontera
las cuerdas de mi laúd
siguen buscando la luz
más al sur de la quimera

Tengo una playa desierta
y una calesa en la puerta
para lucirme a tu vera

Tengo la rosa de oriente
el oro del sol naciente
y lo que quieras pedir
tengo el mapa del tesoro
tengo el palacio del moro
para llevarte a vivir

martes, enero 22, 2008

Y ahora en ellas, y ellos

No sé en qué orden podré leer estos libros, ni si encontraré los dos del centro (McEwan por ahora no aparece y el de Juan Villoro se publica en febrero) pero me gustaría que estas fueran mis próximas lecturas. Sigo primando el relato sobre la novela en esta temporada y buscando en mi mente una voz a un nivel concreto. Me siento como ensordecida por los gritos de una multitud interior y al tiempo bajo un silencio espeso. En esta fase, escribir es algo complicado porque no consigo centrarme. Y también está la falta de tiempo. Cuando me ocurre lo que ahora, mientras no tengo claro a dónde quiero llegar, leo. Las piezas irán encajando, lo sé. Es cuestión de trabajo y paciencia. Empeño. Lucidez. Descanso. Tiempo. Trabajo. Paciencia..

miércoles, enero 16, 2008

Fotografías y destinatarios de Sergi Pàmies

Confieso que soy una auténtica fan del relato. Mientras lo leo puedo imaginar a la trama como una columna de humo que se arquea, incierta, a veces difuminándose hasta perderse en un final confuso y otras liquidada abruptamente con un desenlace inesperado, como un choque contra un muro. Si me gustan es por ello, sabes de dónde partes pero no a dónde llegarás ni cómo. Y esas pequeñas carreras de velocidad que tanto desdeñan los defensores de la novela son para mí, si están “en su punto”, verdaderas delicias que disfruto entrecerrando los ojos con la sonrisa pícara de quien hubiera querido ser la autora. En los últimos años los leo como quien desentraña misterios, alguna gente me lo pone muy difícil, otros menos.Fotografía de Mehmet Ozgur He leído algunas críticas de lectores en internet sobre el libro “Si te comes un limón sin hacer muecas” de Sergi Pàmies. No podemos ser más distintos unos de otros. Lo que me molesta en las reseñas que circulan por la red es el absolutismo al decir “ES, NO TIENE, COPIA A..” en lugar de “ME HA PARECIDO, NO ACABO DE ENCONTRAR, SU ESTILO ME RECUERDA..” y sobre todo el empleo de la palabra bluff, algo que pretende castigar a la víctima con tanta rotundidad como premia al ensalzado con el que se le compara casi siempre (que no es un bluff sino quizás un crack, o el genio mayor del reino). No había leído nada de Sergi Pàmies anteriormente pero este libro me anima a ello. Al margen de cómo se construya un relato, a mí me interesa el sonido de fondo, lo que se escucha tras alguna de esas piruetas ahumadas que a veces me parecen magistrales. Y lo que he escuchado en este libro (algo enmarañado a veces con varios sonidos solapados que me desconcentraban) es suficiente para que le ponga un cartelito pegado con las palabras “Repetir autor”. Por relatos como “Una fotografía”, “Nuestra guerra”, “Destinatarios” “La otra vida” “Sangre de nuestra sangre”, “Escabeche”, etc. Pero quería comentar “Una fotografía”, un relato en el que la forma y sobre todo el fondo me conmueven. Se pueden decir las cosas de muchas formas pero cualquiera no te abre una brecha con un cuento. Y es hermoso que así sea porque hasta ese momento sabías qué era una pena pero no la habías visto con este atuendo tan sencillo y contundente. Duele y al tiempo sabes que es ficción. Es de agradecer que el autor te haga trastabillar unos segundos suponiendo lo que enseguida es ya una certeza. Piensas en ti mismo, en tu propia vida y te queda una lágrima como temblando. También un comentario para “Destinatarios”, qué absurda la candidez con la que podemos conformarnos. Me trajo un recuerdo. Poco después de casarme, dejaba cartas a mi entonces marido en el buzón, sobre la mesilla, en algún bolsillo de la chaqueta. Notas breves con frases amables y soñadoras que me hacía feliz imaginar junto a su gesto de sorpresa complacida. Pero nunca me envié a mí misma, como el protagonista de este cuento, un sobre vacío. Si lo recibiera de alguien pensaría que me envía un silencio para compartir, quizás un gesto de ánimo para el que no encontró palabras, un beso que me acopló entre las paredes del papel y voló a mis labios, diligente. Un soplo de aliento, un sonido que enmudeció por el camino y se recuperará en breve, quizás una risa que se despereza, un te quiero susurrado. El personaje de Pàmies en “Escabeche”, tan de estos tiempos, también me enterneció. Voy a apostar por este autor, la mueca que me deja su limón agridulce la tomo como un deseo a medio conseguir. Así tengo una excusa para volver a leerlo.

martes, enero 08, 2008

Arrancando en el 2008. Últimas lecturas y próximas

He comenzado el año con las últimas páginas de “El cuerpo de Jonah Boyd”, de David Leavitt y avanzando en la lectura de “La ladrona de palabras” de Markus Zusak. También traía en el recuerdo una novela ("Historia del llanto") del argentino Alan Pauls que leí cerca de finales del 2007. Por más que me guste la novela de Zusak no puedo leerla en exclusiva porque la terminaría muy pronto y no quiero dejar de sentir el efecto que me causa sino mantenerla como una generadora de estados de ánimo. Su lectura me sitúa exactamente en el tipo de lirismo/emotividad que necesito para ponerme en la piel de los personajes de lo que escribo actualmente (que dicho sea de paso, no tienen nada en común con los de Zusak pero en su particular mundo viven como ellos su propio desamparo). Anoto unos pequeños comentarios sobre los dos títulos mencionados.

* Historia del llanto (Alan Pauls). La atmósfera de esta novela es como en las otras dos que he leído de este autor (“El pasado”, “Wasabi”), un denso fondo sobre el que se proyectan imágenes que van y vienen desde el pasado hasta acabar teniendo un sentido en el presente. El argumento es complejo, una revisión desde la infancia, el por qué de un llanto prolongado y más tarde la ausencia de éste. Entre uno y otro momentos, la introspección del protagonista, el continuo coleccionar de sensaciones y descubrimientos, una suerte de permanentes revelaciones que terminan con un final impreciso que en Pauls es casi una constante o así lo percibo al menos. Se trata de una novela corta que hay que leer sin prisa, con atención. El hilo narrativo a menudo viene de un punto y deriva en otro distinto para regresar poco después a su inicio, historias que contienen otras como una muñeca rusa, repleta de información. El estilo de Pauls es intimista, difícil, los párrafos en este libro son tan largos como muchas de las ideas que contienen, líneas y más líneas sin un punto (veintidós, la primera vez). Destaco algunas palabras que comienzan mi Arca 2008 (una relación de términos desconocidos o poco habituales para mí que recogeré de los libros que lea este año). Serían: Atonía, adensar, enrostrar, artero, indiscernible. Y también una de sus reflexiones “Claro que si hay algo insondable ¿no es acaso eso: de dónde se sacan las cosas, de dónde que no sea ese adentro impreciso, blando, siempre ya saturado de emoción, tan convincente y extorsivo, por otra parte, como su contrapartida exterior, el afuera igualmente inmundo hacia el cual las cosas siempre deben sacarse”. Con atención, lo dicho. Alan PaulsA veces tengo la sensación de que Pauls solo nos revela una parte de lo que siente el personaje, incluso en una novela como esta en la que la voz del narrador (en tercera persona), parece desmenuzar a conciencia (de una forma remota y fría) todas las partes que lo componen. Me resulta un placer leer a Alan Pauls, le admiro profundamente desde 2004. Si además pudiera verle o escucharle, ya sería el no-va-más. La información de la Feria del libro de Madrid 2008 le menciona como invitado. Otra cosa será que mi fin de semana de visita anual a la misma coincida con su presencia. Cruzo los dedos.


* El cuerpo de Jonah Boyd (David Leavitt). Este libro podría ser un ejemplo para mí de cómo no debo dejarme influir demasiado por los comentarios de contraportada para iniciar una lectura. Cito tres cosas que se mencionan en la misma “novela emocionante” “novela muy inteligente y satisfactoria” “espléndida construcción de la trama”. Hay tantos puntos de vista como tipos de lectores, a la hora de comentar una novela. Yo me siento una lectora decepcionada con ésta y le dedico un breve apunte porque en resumen no estoy de acuerdo con ninguna de esas tres opiniones. Mi interés por la trama fue a menos desde la mitad hacia el final. Podría decir que “prometía” pero no cumplió mis expectativas. Me parece poco acertado adelantar la suerte de los personajes ya al principio y sobre todo, escuchar en “primera persona” sus confesiones a lo largo de varias hojas. Creo que esto rompe el ritmo de la narración, frenándola y particularmente, me cansa. David Leavitt El personaje de Ben Wright, protagonista después de Denny, la secretaria y eje de la historia, contribuye a este cansancio con su forma explícita de dirigir la atención del lector con frases del estilo “y ahora viene lo interesante” “lo que voy a decirte ahora es muy importante”, etc. Destaco algo que me gustó mucho y por lo que me siento compensada en esta lectura, la historia de los últimos días de Boyd. Su degradación, la desmotivación que le llevó a perderlo todo. Es más la idea de lo que sucede que cómo lo cuenta su mujer pero esa parte dota por fin de venas, cuerpo y consistencia al personaje de Jonah Boyd. No hemos comenzado bien pero insistiré con este autor un poco más adelante.

Entre las próximas lecturas están parte de los libros que me han regalado estas navidades. Con el de Sergi Pàmies, comienzo hoy y el del personaje en el cine lo leeré por capítulos poco a poco entre otras lecturas. Espero poder leer este año más que el pasado, en los últimos meses apenas tuve tiempo. Y lo necesito, afortunadamente, como uno de mis mejores vicios.

lunes, diciembre 31, 2007

Mis mejores deseos

Es lo mejor que puedo desearles en este día.

Felicidad.

Cada día me convenzo más de que somos lo que hacemos de nosotros, lo que nos permitimos ser. Más cerca o más lejos del objetivo que nos pongamos, hay una predisposición natural hacia las cosas en cada uno y yo me he propuesto no variar el rumbo de la mía. Me siento a gusto en este ir y venir de continuos retos. Así que entre la impaciencia que me producen algunos temas (lo que quiero lo quiero a tope y lo quiero ya) y la curiosidad que me mueve a hacerlo todo, espero poder seguir disfrutando en este próximo año de la compañía de los amigos que suelen visitar esta página, de otros nuevos y hacer de este pequeño mundo la cara oculta del otro. Realidad y fantasía a las dosis justas para seguir deseando cada año que lleguen estas fechas, volver a sentirme tocada por la magia de la navidad y dar a la niña que llevo dentro un motivo nuevo para que no crezca.

Feliz 2008

miércoles, diciembre 26, 2007

Miércoles 26-12-07. Cartas desde mi zona cero (IV). Julien

Escuchando "What I mean apart from what it seems", de Blake Aaron Guthrie

Mary Ellen and hand. Fotografía de Ralph GibsonNo es mi necesidad, no es la fuerza con que te extraño. No son los instantes que aplazamos. Ni otro año. Ni otro mundo. No quiero explicarme la inutilidad de estas manos. La pérdida de calor e ilusión en la mirada. Los labios inertes que besaron cada temblor de tu cuerpo, convulso hasta el delirio. No es una carrera contra el tiempo, no es que sienta que la vida se apea como una ladrona, desapareciendo en un cerrar de ojos de trámite, una mueca de asco. Ni siquiera es cansancio, no es desconfianza, no he creíd